Blog dedicado a publicar traducciones al español de textos, vídeos e imágenes en árabe sobre la revolución siria.

El objetivo es dar a conocer al público hispanohablante al menos una parte del tan abundante material publicado en prensa y redes sociales sobre lo que actualmente acontece en Siria. Por lo tanto, se acepta y agradece enormemente la difusión y uso de su contenido siempre y cuando se cite la fuente.

Recibe las traducciones por correo y síguenos en Twitter @traduccionsiria

martes, 22 de agosto de 2017

Cartas a Samira (6)



Texto original: Al-Jumhuriya 

Autor: Yassin al-Haj Saleh

Fecha: 20/08/2017


Libertad para Samira Khalil
(Diseño: El pueblo sirio conoce su camino)


¿Qué hice cuando despareciste, Sammur? Como en todo, no puedo contarte muchas cosas. Lo dejo para cuando vuelvas.

Lo nuevo, además de que he seguido escribiendo como sabes e imaginas, es que he podido viajar a varios países europeos. Sigo sin tener pasaporte, Sammur, y para cada viaje hacen falta varios intercambios de correspondencia con la parte invitante, el consulado del país y el departamento turco de inmigración… Es agotador. Los viajes entre países se han convertido en un asunto político, más bien, de soberanía, cercado por peligros y seguridad, en concreto para los sirios. Los consulados que debes visitar para lograr documentos de viaje recuerdan a las sedes de la seguridad asadianas. Nuestra situación en el mundo, Sammur, es la continuación de la situación que teníamos en “la Siria de Asad”.

Sigo siendo, no obstante, de esa minoría afortunada de sirios que pueden viajar de vez en cuando y volver a su lugar de residencia. He ido a países europeos y no a países árabes o de otras zonas geográficas hasta el momento. Me invitaron a un país árabe hace aproximadamente un año, pero los servicios secretos del país en cuestión, que prometieron a un amigo que intentó mediar que me recibirían, ¡dijeron que querían verme al llegar al país! Me invitaron a una universidad en otro país árabe, ¡pero esperaban que yo mismo arreglase los problemas que causaba el hecho de que yo no tenga pasaporte!

Todos los viajes han sido para participar en actividades culturales e intelectuales relacionadas con la causa siria. Hoy es una de las grandes cuestiones mundiales, o quizá la más importante. Una cuestión que desafía las bases del pensamiento, la política y el sistema internacional vigente, y nos miran a nosotros, los que hablamos de ella, con una mezcla de consideración, enemistad y duda.

Al mismo tiempo, en nuestro país más que en ninguno, ves claramente la historia, ves el Estado en toda su barbarie y vanidad, y ves a la religión en su locura y mundanidad. Ves al mundo en su estrechez, amplitud y corrupción. Ves cómo personas y grupos se vuelven contra sí mismos y contra los demás, y ves una pasarela de máscaras de todo tipo: la esclavitud cuyo rostro va cubierto con la máscara de la liberación, el odio que lleva la máscara del amor, el sectarismo que se cubre con el velo de la patria, el asesinato que se autodenomina clemencia, la mentira que habla con la lengua de la sinceridad, el egoísmo que adopta el papel del altruismo y el sacrificio, y la ingenuidad que pretende ser justa… Todo lo que ves y oyes puede ser lo contrario de lo que dice ser. Si no fuera porque el corazón pesa en tu ausencia la reflexión sobre este mundo se habría revuelto y convertido en fuente de placer intelectual y, de hecho, sería una particular fortuna, a pesar de la desgracia general, vivir en un momento histórico como este. Creo que las grandes luchas incitan al pensamiento sobre la historia y el destino de la humanidad, y estamos en una situación así hoy, Sammur. Ojalá estuvieras a mi lado...

Lo nuevo también en relación a la escritura es que escribo sobre vosotros cuatro: sobre Razan y especialmente sobre ti. Escribir sobre ti no es solo un tema nuevo en mi trabajo, Sammur, sino que es lo que da espíritu a todo mi otro trabajo. No eres mi causa, Sammur: eres mi identidad.
Escribir sobre ti es una terapia para mí también, Sammur.

Tengo, como muchos refugiados sirios, “el complejo del superviviente”, el sentimiento de culpa que invade a quien se ha salvado de una desgracia de la que no se han salvado otros. En Al-Jumhuriya (claro que te acuerdas: sigue funcionando y sigo escribiendo ahí básicamente) un joven escritor habló de este complejo del que muy probablemente nunca había oído hablar antes, con una bellísima y concentrada expresión: ¡el shock de la salvación! “El shock de la salvación” es doble en mi caso, pues me salvé esta vez cuando muchos otros no lo hicieron, cuyo número sigue en aumento; pero especialmente porque tú no estás entre los que se han salvado. Es algo con cuya responsabilidad cargo yo solo y lo que más me debilita, Sammur. También es lo que he estado resistiendo por medio del trabajo, y para lo que los amigos, cada uno de los cuales tiene su propio complejo de superviviente en diferentes grados, son una enorme ayuda.

Incluso nuestros amigos turcos tienen cierto grado de ese sentimiento, que les anima a solidarizarse y participar con nosotros en diversas actividades culturales y de protesta. Su ayuda ha sido enorme en todo momento.

Lo que he intentado combatir durante cerca de cuatro años, Sammur, es rendirme a ese shock de la salvación. Creo que tiene al menos dos efectos destructores. El primero es que puede empujar al superviviente a detener el tiempo en el punto de “su salvación”; es decir, su salida del país en nuestra situación, lo que puede volverle después incapaz de ver el cambio de situación y condiciones de la lucha, y la necesidad de reformar los instrumentos para poder seguir con dicha lucha y mantener una posición liberadora en la misma. Creo que conozco casos de supervivientes de nuestra antigua lucha que no dejan de librar una guerra anterior que no libraron cuando debían. Sin embargo, después de que todo cambiara, que la libren ahora no tiene el mismo significado y no tienen la misma posición liberadora. Dan una sensación de antigüedad y de moda pasada. Es un destino que espero evitar, Sammur.

El segundo efecto del complejo del superviviente es que se detenga su capacidad de luchar en las nuevas condiciones de refugio y consuma su energía en quejarse y refunfuñar, o en culparse a sí mismo y al resto. Intento resistir el sentimiento de culpa que nace del shock de la salvación para poder seguir luchando, Sammur. Creo que lo que más destruye la capacidad de luchar es caer en las cadenas del sentimiento de culpa, que es el estado mental menos propicio para que podamos ayudar a quienes no se han visto afectados por nuestro shock de la salvación, o quienes están en peor situación que nosotros. No es sencillo. Lo sé por experiencia, Sammur: es lo más parecido a un sempiterno enfrentamiento que se renueva cada día y donde nunca ganamos la batalla, aunque la podemos seguir librando.

Tal vez ayude a orientarse en esta situación insoportable, Sammur, que un día estuve en la situación del no superviviente -me refiero a la cárcel- mientras que los compañeros y amigos tenían el shock de la salvación. En aquel momento tú también estabas en una situación parecida y no hay duda de que amigos y compañeros tuyos tenían una sensación similar. ¿Qué esperábamos de quienes se habían salvado cuando estábamos con la mayoría de nuestros compañeros en la cárcel? ¿Qué siguieran en la lucha de la que nos habían sacado? No en todos los casos, solo en la medida de lo posible y según su evaluación de la situación. ¿Queríamos que se rindieran al sentimiento de culpa y se reprocharan el tener el shock de la salvación y que no se libraran de ello más que siendo encarcelados con nosotros? Claro que no. Creo que lo que deseábamos de ellos era que se cuidaran y que cuidaran nuestra causa con sus personas y comportamiento. En las cárceles de Hafez al-Asad esperábamos que nuestros amigos cuidaran su dignidad, nuestra dignidad.

Eso es lo que intento hacer, Sammur. No intento solo cuidar tu dignidad, ni la dignidad de nuestra causa y mi dignidad propia, sino también, intento seguir en la lucha con herramientas que quizá son algo diferentes de las anteriores, pero que lo son para que podamos proteger nuestra causa mejor.

En ello no hay nada que satisfaga en una situación como la nuestra, la tuya y la mía, Sammur. Tú estás desaparecida tras unas fronteras estrechas y oscuras, y a mí me han lanzado lejos, fuera de las fronteras. No me basta. Mientras trabajo en la construcción de herramientas más útiles y de una posición más adecuada para que sigamos en la lucha después de perder la primera ronda de la revolución, intento hacer algo que tenga que ver directamente con tu causa todo el tiempo. No he conseguido nada aún, Sammur, pero sigo llamando a la puerta y tengo la esperanza de poder incluso romperla un día no muy lejano para liberarte, y liberar a Razan, Wael y Nazem.

Y en primera y última instancia, sigo en la lucha porque tú me necesitas, me necesito a mí fuerte el día en que regreses.

Te espero. Solo cuídate, te lo ruego.

Besos, corazón mío.

Yassin

Cartas a Samira (5)



     Texto original: Al-Jumhuriya 

    Autor: Yassin al-Haj Saleh
 
Fecha: 13/08/2017


Libertad para Samira Khalil
[Diseño: El pueblo sirio conoce su camino]


Sammur, en la carta anterior intenté darte una idea de la situación humanitaria en Siria, de la que se dice de vez en cuando que es la peor crisis humanitaria desde los días de Ruanda en 1994, y la mayor crisis de refugiados desde la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, lo que me parece realmente atroz son dos cosas. Primero, que nuestro desastre (nakba) se ha producido en la práctica bajo supervisión internacional, con presencia de EEUU, Rusia, Francia y Reino Unido, y con abundantes datos contrastados, durante prácticamente seis años y medio (y no, por ejemplo, tres meses como en Ruanda). Además, el responsable de esta desgracia nacional y humanitaria, Bashar al-Asad, no solo sigue en su puesto, sino que se habla de “rehabilitar” al régimen, lo que supone recompensarlo por esta criminalidad destructiva.

¿Qué significa esto, Sammur? ¿Qué significa que medio millón de personas sean asesinadas, que la vida de millones haya sido destruida, que las potencias que dirigen el sistema internacional, y el mundo de hoy, trabajen para volver a apuntalar la situación que dio origen a esta desgracia, y a la mafia gobernante, responsable directa del asesinato de más del 2% de sus gobernados? Sencillamente, significa que la muerte de quienes han muerto carece de valor, que la tortura de quienes han sido torturados no merece consideración y que la destrucción de la vida de millones de personas no será recompensada. Creo que se nos está diciendo que los cientos de miles asesinados han perdido la vida en vano, que los gritos de todos los torturados y el dolor de las madres, los padres y los niños no importan ni cuentan, que todo eso no es el precio de nada, y que no traerá beneficio alguno. La sangre no es el precio de la libertad, y las víctimas no son ofrendas para la salvación. En resumen: nuestros muertos no son mártires y no tenemos causa alguna. Tan horrible ordalía no llevará a ningún cambio político, los asesinos no tendrán que rendir cuentas, la justicia no se hará realidad, no se abrirán nuevos horizontes para el país, y los sirios no estarán en mejor posición para gobernar sus vidas ni para construir su futuro.

Es decir, que la muerte de quienes han muerto no protegerá la vida de quienes siguen vivos, y que la tortura de los que han sido torturados no garantiza nada más que la tortura de quienes aún no han sido torturados.

¿Puedes imaginarlo, Sammur? Cuando nuestro sufrimiento es privado de la posibilidad de tener algún significado, salimos en la práctica del círculo de la humanidad; así pues, o nos meten en el círculo de las cosas que ni sufren ni tienen significado mientras los ingenieros de nuestra nakba son humanos, o somos humanos de menor categoría, mientras los ingenieros de nuestra nakba están por encima de los seres humanos, y quizá los dioses. ¿Te lo imaginas, Sammur? El racismo se supera y, a costa de un ente como Daesh, cualquier racista fascista puede ponerse la máscara de civilizador liberador de alta moral.

Cuando la muerte de 100 de nosotros es igual a la de 1000 o 100.000 o un millón -cero en todos los casos- se nos dice en la práctica que todos y cada uno de nosotros somos cero, y que nuestro genocidio no es una pérdida ni tendrá consecuencias. Han de ser dioses aquellos que han extirpado nuestra ordalía hasta el punto de que el hecho de que seamos muchos o pocos sea igual a sus ojos. En efecto, nuestra causa se acerca al umbral de “la guerra contra el terrorismo”, que no se contenta con exterminarnos, sino que es un prejuicio de la condena que se nos hace como terroristas o “entornos sociales” del terrorismo, como dijo Bashar al-Asad. Así, pasamos de la privación de significado al exterminio, y de la privación de justicia al genocidio y a la privación de la vida.

Da mucho miedo, Sammur. Que nos hagan emigrar y nos condenen, que nos torturen y nos condenen, que nos asesinen y nos condenen. Que nos condenen a los agredidos y asesinados en vez de condenar a los agresores y asesinos. Da pavor que nos maldigan así, que nos traten como malditos los crueles dioses, que nos abandonen a una tortura sin final, en la que nada nos servirá y nos salvará.

Dicen que no hay alternativa a Bashar al-Asad, renuevan su mandato sobre nosotros porque está garantizado y bajo control. Lo que quieren los que gobiernan el mundo hoy es apoderarse de nuestro cambio, decidir ellos cómo se hará ese cambio, hacia dónde, con qué ritmo y los frutos que traerá, y no nosotros. Es decir, que no tengamos tampoco historia o que nuestra historia apenas se limite a una rama de la historia de los gobernantes.

Lo que da pavor en todo eso, Sammur, es que se trata de una sentencia irrevocable contra nuestros mejores esfuerzos de no dejar huella alguna, y que nada de lo que hagamos con sinceridad dé frutos. Nuestras acciones son como nuestras no-acciones y el resultado en todo caso será cero. Esto supone rendirse a la desesperación, una sentencia de muerte y la vuelta de las acciones de Bashar al-Asad.

Este relato sirio no se parece a ningún otro en la historia moderna en lo que respecta a que está llena de sangre y dolor. Los otros relatos no eran tan conocidos o eran locales y no participaban en ellos las potencias internacionales dirigentes, o al menos no han durado tanto tiempo, o no eran tan terribles en el coste humano y material, ni destrozaron de tal forma el futuro. O bien las potencias internacionales se unen entre sí, o bien se unen al principal asesino (o adoptan una neutralidad positiva hacia él) tras la división de nuestro país, lo que hará de nuestro relato un relato mundial, el relato del mundo.

El problema es que la única conclusión política correcta que se puede hacer es la necesidad de cambiar el mundo. Mientras el mundo siga siendo el obstáculo al cambio, y quien niegue el significado a nuestra vida, es preciso que cambie para que vivamos y para que nuestra vida tenga significado. Sin embargo, Sammur, esto supone que nos condenen a salirnos de la acción, de la política y del intento de influir en nuestro destino a largo plazo. Cambiar el mundo no es una simple expresión, sino el nombre de un destino terrible. Los sabes bien por nuestro trabajo para cambiar Siria. El mundo es una gran Siria, Sammur, y cambiarlo supone extender el terror que nos afecta a todo el mundo.

No obstante, sigue siento el único reto que debemos afrontar para intentar devolver el significado a nuestro dolor, honrar a nuestras víctimas y hacer de la masacre de Siria un catalizador del cambio de un mundo que ha de cambiar. Lo que no tiene significado es el mundo que niega nuestro significado, y cambiarlo es un deber hacia nosotros y hacia los demás que sufren mucho y significan poco.

Sabes, Sammur, que nuestro viejo maestro, Mark, impuso a los filósofos el deber de cambiar el mundo y no limitarse a explicarlo, y después, encomendó al proletariado, la clase explotada y organizada en el mundo capitalista, que nada tenía que perder con la revolución y quizá algo que ganar, cambiar el mundo capitalista. En el mundo de hoy, los llamados a cambiar el mundo son aquellos a quienes el mundo les ha negado el significado, quienes han sido expulsados de la historia, quienes son asesinados, torturados y desplazados forzadamente y quienes son menospreciados siempre.

Nosotros, Sammur, somos los proletarios del significado, los náufragos fuera del significado, los malditos condenados que no tienen derecho a condenar, a quienes se les niega la palabra en cuestiones de bien y mal.

Nuestra causa está ahí hoy, Sammur, en una posición no firme entre el hecho de que nos nieguen el significado y nuestras trágicas aspiraciones de cambiar el mundo para tener significado.

Y de cambiar nuestro mundo inmediato en primer lugar. Los islamistas, a quienes también se les niega, como a nosotros, el significado, tienen poca amplitud de miras y mucho egoísmo como para ser la fuerza del cambio y el significado. Tú personificas más que cualquier otro ser humano la pequeñez de los islamistas y su incapacidad intrínseca para participar en la renovación del mundo, en significante y significado. Son nihilistas, miserables, y están desesperados.

Nosotros, Sammur, no perdemos nada con cambiar el mundo hoy. Somos los malditos cuyo único significado es trabajar por cambiar un mundo que niega nuestro significado. Nosotros somos los tuyos y los que estamos contigo.

Sin embargo, una vez más, este es un terrible destino, y no una idea valiente que registrar para pasar a la siguiente. El destino posee y no se puede poseer. Eso lo sé desde que te secuestraron y te hicieron desaparecer. Lo veo con mis ojos y los tuyos.

“En un mundo que se derrumba”, “el oasis” eres tú en tu cerco doble o triple [1]. Cuídate por mí, Sammur.

Besos, corazón mío.

Yassin 

[1] Expresiones tomadas del poema “Beirut” de Mahmud Darwish.

viernes, 11 de agosto de 2017

Esperando la masacre de Idleb



Texto original: Al-Hayat 

Autor: Hasan Haydar

Fecha: 10/07/2017


La Administración estadounidense tiene la firme convicción, resultado de su propia lógica política o bien por sugerencia rusa, de que aceptar la permanencia de Bashar al-Asad en el poder le permitirá en el futuro influir en sus decisiones, y alejarlo gradualmente de su aliado iraní. Un pensamiento tan ingenuo y corto de miras a la hora de comprender las realidades políticas en Oriente Medio y comprender sus triquiñuelas se refleja en la continua coordinación entre EEUU y Rusia en lo que a Siria se refiere. Y ello a pesar de la tensión entre ambos países debido a la cuestión de la injerencia en las elecciones estadounidenses y las sanciones mutuas.


Sin embargo, se trata de una coordinación que parece claramente ir en beneficio del interés de Moscú, que sabe lo que quiere y se prepara para ello con diligencia. Eso es lo que reflejan las declaraciones de ambas partes sobre la situación en Idleb, que los rusos ya habían incluido en la lista de zonas “de reducción de tensiones” antes de empezar a hablar de la dificultad de su implementación. EEUU les acompañó confirmando que dicha provincia septentrional se había convertido en “un refugio seguro” para Al-Qaeda en su nueva forma, Hay’at Tahrir al-Sham, después de haber sido Al-Nusra.

 El zorro de la diplomacia rusa, Lavrov, declaró, tras extensas y detalladas negociaciones sobre Siria con su homólogo estadounidense Tillerson hace unos días en Manila que “el acuerdo sobre los parámetros de la zona de reducción de la escalada de violencia en Idleb no es sencillo”. Dichas declaraciones vinieron a confirmar las emitidas por el enviado especial de EEUU a la Coalición Internacional contra Daesh, Brett H. McGurk, sobre la transformación de Idleb en una “zona segura para los terroristas de Al-Qaeda”, acusando a Turquía de constituir “la única vía para que los combatientes de Al-Qaeda crucen a Siria”, amén de ofrecerles “apoyo logístico”.

Si bien es cierto que no se puede defender a Turquía, ni su papel en Siria, ni tampoco el recurso de sus servicios de inteligencia a todos los medios posibles para reforzar su influencia allí -incluyendo el tejido de relaciones sospechosas con los radicales y el uso de los refugiados para fines puramente políticos-, la posición estadounidense ignora la realidad de que Rusia, Irán y las fuerzas regulares sirias son las responsables en gran medida de que la situación en Idleb sea la que es. Son ellos quienes se han esforzado en animar a los combatientes opositores, y sobre todo los integristas de Al-Qaeda, a salir con sus armas de las zonas de “capitulaciones”, y facilitarles el tránsito a Idleb.

El objetivo principal de dicha política era aumentar el número de radicales en la provincia, para que se enfrentaran al Ejército Sirio Libre y a las facciones moderadas. Y eso es justo lo que ha sucedido, dando lugar a enfrentamientos entre ambas partes que han terminado con la consagración del dominio de Al-Nusra de la mayor parte de la provincia, y del paso fronterizo con Turquía de Bab al-Hawa.

Sin embargo, ¿es lógico pensar que los EEUU no son conscientes de este truco? Claramente no. Sin embargo, parece que se han cobrado la compensación en otras zonas: la zona de “descenso de la tensión” en el sur (Daraa) y las zonas dominadas por las Fuerzas Democráticas Sirias kurdas en el norte. Ahora bien, la pregunta es: ¿puede EEUU garantizar que no se verán obligados posteriormente a renunciar a ellos una vez termine la batalla contra Daesh?

Está claro que EEUU “ha caído en la trampa” a sabiendas, pues la decisión de confiar en el Kremlin para planificar el futuro de Siria supone ignorar a conciencia muchos asuntos. En primer lugar, que Rusia no quiere ni desea compartir con nadie su influencia en este país, exceptuando las fuerzas iraníes que dominan de facto; en segundo lugar, que Asad no puede, aunque lo deseara, renunciar con facilidad a Irán solo por el hecho de que EEUU haya aceptado la propuesta rusa de que se mantenga en el poder.

La política estadounidense, por tanto, necesita corregir su dirección, pues no se puede garantizar ni a los rusos ni a Asad. Por su parte, sacar a Irán de Siria supone un enfrentamiento directo con ese país.

Puede que las acusaciones estadounidenses contra Turquía sean un mero intento de alejar a los turcos de la batalla de Idleb o de disuadirles de intervenir contra los kurdos en el norte de Siria, ahora que ha comenzado a desplegar sus fuerzas frente a las zonas en que se encuentran aquellos. No obstante, lo que es seguro es que la batalla de Idleb se está acercando más deprisa de lo que esperábamos y en ella no se hará distinción entre radical y moderado, ni entre armados y civiles, y puede que el ataque con armas químicas en Jan Sheijún fuera una simple muestra de aquello de lo que seremos testigos.